TAILANDIA
En busca de las mujeres jirafa.
Cuando decidimos emprender nuestro viaje por Indochina, una de las zonas más exóticas
del mundo, muchos motivos nos atraían.
Pero sin duda uno de los más poderosos era poder comprender de manera directa a la
tribu Padaung, más conocidas como mujeres jirafa, quienes por una extraña e indescifrable razón se colocan unos espirales metálicos en el cuello provocando deformaciones irreversibles.
El viaje hasta ese remoto punto del globo fue verdaderamente largo y agotador, cruzamos Australia y Nueva Zelandia hasta llegar a nuestro anhelado objetivo, Tailandia. Un país tumultuoso, golpeado por dictaduras casi continuas pero verdaderamente
hermoso y rico. Y esa riqueza no sólo se refiere a sus playas, a sus cristalinas aguas salpicadas de islas ni a sus verdes y exuberantes selvas que bañan su suelo.
Es un país pujante, con una economía creciente y gran cantidad de recursos, pero dejemos Tailandia para otra oportunidad.
Tenemos otro punto en mente, que no figura en los mapas, muy cercano al conocido Triángulo de oro o triple frontera (Mianmar-antigua Birmania, Tailandia y Laos). Nos dirigimos a un lugar caliente, no sólo
por su altísima temperatura y humedad que hacen a la zona casi irrespirable, sino por ser un punto donde predominan los caminos minados, las plantaciones de opio (es el mayor productor del mundo) y las guerrillas birmanas en batallas tribales casi permanentes.
Durante varios días nos movilizamos a un ritmo lento pero firme, sobre canoas de cañas de bambú y sobre lomos de elefante, surcando sinuosos canales y la densa selva hasta llegar a la aldea. Hay otra reserva más accesible donde el exceso de turismo hizo que lo original de esta tribu se perdiera y lo que perdure sea expuesto como en un zoológico, este lugar se llama Mae Hong Song.
Cientos de mitos y leyendas invadían nuestras noches antes de conocer a estas mujeres. Las más convincentes aseveraban que el motivo de esa exótica costumbre era una forma de protección contra los ataques de tigres, dado que con estos espirales de bronce
protegían partes vitales tan vulnerables como el cuello y las piernas. Otros en cambio, opinaban que al tener esos cuellos tan
particulares no podían capturarlas como esclavas ya que sería muy fácil reconocerlas en otras batallas. Una tercera nos decía que a las mujeres adúlteras, los hombres como castigo, les quitaban los espirales para que mueran desnucadas.
Llegamos a la aldea al amanecer. Unas sombras deambulaban entre las chozas
montadas sobre pilotes de maderas y con techos de palmera. Queríamos desaparecer, poder mirar todo sin ser vistos, sin que nuestra presencia altere lo cotidiano. Al rato unas mujeres surgieron como fantasmas y sentimos una mirada que se posaba sobre nosotros. Era Mana, una hermosa birmana que hacía tres años huyó con su hijo instalándose en este refugio. Era la única en la tribu que hablaba un inglés precario, como nosotros. Luego de cantar juntos y tocar el charango (nuestro compañero de
viajes) Mana nos contó su historia.
Cerca nuestro pasó una anciana con un cuello de casi treinta centímetros, Mana vió que nos despertaba gran curiosidad y nos contó que las teorías que giran en torno a ellas tienen algo de cierto, pero también que los espirales son un signo de elegancia y de status. En Oriente la edad no es sinónimo de decrepitud sino de sabiduría.
Nos explicó que a partir de los tres años comienzan a lucir estos espirales y a medida que crecen se van agregando tramos hasta llegar a la madurez.
A determinada edad el daño es irreversible. No sólo atrofia los músculos del cuello sino que al bajarles los hombros sus costillas oprimen otros órganos, acarreando trastornos y deformaciones incurables. También tené en cuenta que no es fácil caminar con diez
kilos de sobrepeso en el cuerpo y escapar a los rayos del sol que calientan el metal a temperaturas que lesionan la piel.
Pese a que Mana no tenía un cuello anormalmente largo, nos dijo que se sentía extraña y que no estaba segura de seguir con la tradición que sus antepasados cultivaron a través de los siglos. Ella, como algunas otras jóvenes de la tribu, saben que el mundo no se termina en los límites de su aldea.
La tarde estaba cayendo sobre el campo de refugiados. Mana tenía que ir con su hijo y continuar su vida y nosotros emprender el largo regreso.


sabino corbalan on Agosto 14th, 2009
son unos genios los veo todos los domingos con mis viejos soy de mar de plata la verdad que el programa esta buenisimo es muy interesante y muy gracioso culini me hace cagar de risa